Jul 21 2008
Crisis, día 4
Hoy, lunes. 20:12. La noche es cerrada. Solo puedo ver un pequeño tramo de la carretera, el equivalente a un par de pasos, gracias a una linterna acoplada a la bici. Pedaleo casi a oscuras y en las rectas observo las estrellas en el cielo procurando no distraerme demasiado. Antes, cuando era niño, se podían ver mas puntos de luz en el cielo pero la contaminación lumínica (y la atmosférica) les ha hecho las noches mas difíciles a los románticos y a los aficionados al telescopio.
En la lejanía contemplo ese gran foco de luz que es el balcón de Mijas, producto de medio centenar de potentes focos rodeando el auditorio y los jardines. Energía barata desaprovechada por motivos estéticos. Puede que dentro de diez años, si aún sigo por aquí o vuelvo de visita, ya no haya tantos puntos blancos en la sierra. Y no pueda decir por donde queda el pueblecito de casas blancas.
El ruido de los grillos es interrumpido a ratos por los ladridos de los perros guardianes de chalets. Observo los grandes coches aparcados cerca de algunas casas: cuatro-por-cuatros y algún mercedes ¿Cuánto costará llenar el tanque de un tanque de esos con perdón por la redundancia?
Mientras pedaleo, como viene siendo habitual en mis desplazamientos, divago para luego escribir esas ideas por aquí y entreburrir (a veces entretener y otras simplemente aburrir) al lector ocasional.
Pienso en las charlas con amigos sobre este tema y en sus respuestas: algunos están de acuerdo en que nos vemos sumidos en una crisis energética, otros creen que habrá alternativas (patentes mágicas de petroleras) suficientes a la escasez del petróleo y otro en concreto me habla convencidísimo de una alternativa que parece la mas próxima y definitiva, procedente de la propia industria del automóvil: el coche híbrido. No cuesta mucho de fabricar y Toyota, por ejemplo, ya lo está produciendo en las mismas naves que los coches normales.
Bravo, cualquiera que sepa hacer cálculos y navegar por internet podrá comprobar que el etanol no es una alternativa real. Pero se venderá como alternativa real hundiéndonos mas en el fango. Y no será solo mi amigo el que pique el anzuelo, puede que miles y cientos de miles. Las consecuencias quien sabe Dios donde se sufrirán. En México ya le han visto las orejas al lobo. Termina la bajada penúltima y el viento me frena un poco.
La última gran subida es la peor. Hace una semanas, por este mismo punto, sentía cargadas las piernas y aunque no me llegaba a faltar el aliento (la bicicleta es fuerza, no cardio) sentía que me faltaba energía, que nunca llegaría a mi destino, una casita de madera entre colinas o que tendría que bajar de la maldita bici y caminar media hora larga. Pero hoy he reducido el tiempo a poco mas de quince minutos más de lo que tardo en coche si busco aparcamiento. Y la ida la hago en casi el mismo que en coche.
Por muchos coches híbridos y eléctricos que fabriquen, por muchas centrales nucleares que construyan, la humanidad tendrá que dejar la comodidad del petróleo, subirse a una puta bici “energética” y “pedalear” a base de sacrificios y reajustes aunque haya cuestas interminables. El hambre será esa punzada en los músculos, muchos se quedarán a medio camino, la oscuridad mas completa será el nuevo escenario resultado del fin del despilfarro. Y el destino, quien sabe…

